Sobre
el mito de los “mountain men”
LAS AVENTURAS DE JEREMIAH
JOHNSON
Sidney Pollack (1972)
Por Antonio José Navarro
Entre
1820 y 1840, se calcula que unos 3.000 mountain men vagaban por las
Rocosas, cadena montañosa de más de 7.000 km de longitud que
recorre Norteamérica desde La Columbia británica, en Canadá, hasta
el estado de Nuevo México, en el sur de los EEUU. Cazadores y
tramperos, muchos de aquellos hombres montaraces habían abandonado
la civilización haciendo gala de un nihilismo existencial avant la
lettre, asqueados de los valores, costumbres y creencias de la
sociedad de su tiempo, ávidos de aventuras, deseosos de vivir en
contacto con la naturaleza, tan sublime y generosa como violenta y
cruel. Hombres como Jim Bridger (1804–1881), Kit Carson (1809–1868)
o Jedediah Smith (1799-1831) no se inclinaban “ante ninguna
autoridad, no aceptaban ningún principio como artículo de fe".
Entre ellos destaca, por su apasionante biografía, John
“Liver-Eating” (“Comedor de hígados”) Johnson (1824–1900),
trampero, explorador, buscador de oro y marshall en Red Lodge
(Montana). Hacia 1847 su esposa india, de la tribu Flathead, fue
asesinada por una partida de guerreros Crow, lo que llevó a Johnson
a embarcarse en solitario en una venganza de casi veinte años contra
esa tribu. La leyenda dice que eliminó a decenas de indios, y que se
comió sus hígados, a modo de insulto y demostración de poder…
Incluso se dice que sobrevivió en las Rocosas, tras ser atacado por
los Pies Negros, alimentándose del cadáver de uno de sus enemigos
(¡!). Existe una estatua de bronce dedicada a Johnson sobre su tumba
en Old Trail Town, Cody, Wyoming.
